sábado, 22 de abril de 2017

Lectura en blanco y negro

“Anoche soñé que había vuelto a Manderley.”
            Así empieza Rebeca de Daphne du Maurier, una de las historias que más me ha fascinado en lo que llevo de existencia. De hecho, cada cierto tiempo yo también  vuelvo a Manderley. Primero fue gracias a la magistral versión que Hitchcock realizó. Ahora, desde la pasada noche de Reyes, también puedo optar por la novela original.
            Nada más abrir el envoltorio, el libro ya me quemaba en las manos. Así que emprendí mi viaje de inmediato. Con solo leer la primera frase empezaron a reproducirse uno a uno los fotogramas en blanco y negro tantas veces disfrutados: la letra picuda de Rebeca, la adoración enfermiza de la señora Danvers, la fastuosidad de Manderley frente a la inseguridad de la anónima segunda señora De Winter, entre tantísimos otros detalles. Y a medida que se acababan las palabras iba creciendo la gran duda. ¿Cómo sería el final?
            Ciertamente, Hitchcock convirtió en imágenes el desenlace  que escribió Du Maurier. Ahora bien, logró dejar intacta la propuesta de la autora. De esta manera, por mucho que haya visto la película, el lector accede a un material fascinante y desconocido. Un final a través del cual conseguí imaginar por primera vez las facciones de la inmortal Rebeca. Unas palabras que, tras leer repetidamente, acabé transformando en celuloide. Un final que cierra el ciclo y me regala un nuevo pasaje a Manderley. ¿Para cuándo? Para muy pronto. Seguro. 
© Elisabet Gimeno Aragón 2017

domingo, 19 de marzo de 2017

Cuando las astillas no quieren parecerse a los palos

Hace ya mucho tiempo la familia Problemas acudió a una comida muy concurrida. De esas en las que extrañas combinaciones de personas producen anecdóticas conversaciones. Siguiendo la norma, acabamos sentados delante de un padre y su hijo mayor. Hablemos primero del padre. Objetiva y subjetivamente esta persona sacaría con nota las oposiciones a progenitor. Eso sí, quizá porque nadie es perfecto, en su día cometió el error de considerar que sus hijos eran mejores que él. Y el mayor tanto se lo creyó que aplica el mismo rasero al resto de la humanidad. Así que un instante en compañía suya resulta todo un trance.
            Durante la comida nos pusimos al día de unas cuantas muchas cosas porque hacía tiempo que no nos veíamos. Y tanto nos pusimos al día que supimos lo que el hijo opinaba del padre. Resulta que hablando de no sé qué tema papá Problemas le preguntó al chico si quería parecerse a su padre. Pregunta a la que siguió un “no” rotundo por respuesta acompañado de una cara de absoluto espanto. Los Problemas nos quedamos de una pieza. Al padre pareció no importarle y el chico se quedó la mar de satisfecho.  
            Ciertamente, nadie es perfecto. Ciertamente, cada uno es bien libre de considerar positivas o negativas las peculiaridades de los demás. Ahora bien, hay que andarse con mucho cuidado. No vaya a ser que de tanto querer evitar según qué defectos se acaben cultivando otros peores.
© Elisabet Gimeno Aragón 2017

domingo, 8 de enero de 2017

Mi primera manzana roja

Estas Navidades he sucumbido a la tentación y he vuelto a ver Blancanieves y los siete enanitos de Walt Disney. Así que he experimentado de nuevo el alivio de su final, el miedo que me invadía cuando la bruja tentaba a Blancanieves en la casita y, como no, el recuerdo de mi primera manzana roja.
Cuando era pequeña, y aún ahora, me chiflaba el color rojo. Pensaba que cualquier cosa que fuera roja sería más bonita e incluso mejor que ninguna otra. Tal creencia combinada con mi fascinación por el cuento de Blancanieves me llevó a pedir una manzana de este color cuando la vi en una frutería. Recuerdo que más roja ya no podía ser y su olor la convertía en un manjar verdaderamente apetitoso. Así que me la lavaron bien para comerla de postre. Contra todo pronóstico la manzana no me gustó. Papá problemas la probó por si estaba mala. Pero no, la manzana estaba en su punto justo. Se trataba de una variante harinosa cuyo sabor no supe ni todavía sé apreciar. 
A pesar de la decepción, sentí un gran alivio. Entre lo desconfiada que era a veces y que no me gustaba la manzana roja jamás resultaría víctima de la muerte dormida. Ahora bien, tampoco hubiera habido cuento.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Y se armó el belén

En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna. La Virgen y San José y la Castafiore al lado de la cuna. Según acaba de saber en exclusiva nuestra redacción, este año el villancico habrá que cantarlo así porque Bianca Castafiore vuelve a los escenarios por Navidad.
            Conmovida por la precaria situación de la Sagrada Familia, la soprano ha decidido aportar su granito de arena a fin de hacer más llevaderas sus aventuras y desventuras. En consecuencia, el Ruiseñor milanés ofrecerá un concierto benéfico esta Nochebuena a pocos metros del portal de Belén. Acompañada al piano del maestro Wagner, la diva interpretará varios villancicos y obras de su tan conocido repertorio como el aria de las Joyas. Las entradas para el exclusivo evento se pondrán a la venta a las 0:00 de mañana y se calcula que se agotarán en cuestión de minutos. Por eso mismo, la Fundación Haddock ha creado una fila cero a fin de que cualquier persona pueda realizar su donación. Igualmente, el concierto será retransmitido en directo a los cinco continentes por deseo expreso de la diva.
            Una vez más, Bianca Castafiore estará acompañada de algunos de sus fieles amigos y admiradores. Este es el caso del profesor Tornasol que aprovechará la ocasión para estudiar las peculiaridades de la estrella que guía a los Reyes Magos. Imprescindibles serán los gemelos Dupond y Dupont, los cuales se encargarán de la seguridad del evento, mientras el perro Milou guarda el establo que albergará las primeras horas de vida del Mesías. Finalmente, en esta nueva aventura no podían faltar el capitán Haddock y el reportero Tintín. Por un lado, haciendo gala de su espíritu aventurero el viejo lobo de mar coordinará la huida a Egipto. Por el otro, el periodista realizará un reportaje sobre una Navidad tan peculiar.

GÉNESIS DE LA HISTORIA: Este año he querido recuperar el belén que poníamos en casa cuando yo era pequeña. Aquel tan diminuto por el que los Reyes de manera mágica se iban acercando al nacimiento a medida que pasaban los días y volvían a sus tierras el 6 de enero. Como mis estanterías son un homenaje continuo a muchas de mis curiosidades, la Divina Providencia quiso que mi versión reducida del portal de Belén fuera a parar al lado de una figurita de la Castafiore dando el do de pecho. El resto ya lo habéis leído y ha sido escrito siempre desde el respeto. Así que no me queda más que desearos unas muy felices fiestas y un mejor 2017. 
© Elisabet Gimeno Aragón 2016

viernes, 22 de julio de 2016

Cinco velas

Aunque ni yo misma me lo creo, hoy este kuaderno cumple cinco años. Cinco años con sus cuarenta y seis entradas. Y todo empezó con la voluntad de anular una incordiante efeméride… Ahora bien, nuestra celebración es doble porque también hoy Carla sopla sus cinco velas. Seguramente os preguntaréis quién es Carla y por qué aún no os había hablado de ella. Pues bien, Carla es la prima de nuestros ya conocidos Júlia y Sir William y requería una ocasión tan especial como esta para ser presentada.
            Yo conocí a Carla cuando apenas tenía dos horas. En todo este tiempo le he dado alguna papilla con más voluntad que destreza, le he contado el cuento de la Caperucita (su favorito) y juntas le hemos buscado casa a más de un caracol. La he visto crecer y espero seguir haciéndolo, porque está en un momento muy importante de su vida.

            Carla está aprendiendo a leer y escribir. Ya no hay vuelta atrás, en poco tiempo leerá con facilidad cualquier palabra que se le ponga por delante e irá ganando soltura al escribir. Su mundo se llenará de palabras. Palabras que la harán única cada vez que exprese un deseo, una idea o una emoción. Palabras, en definitiva, que le descubrirán mundos aún por conocer. Moltes felicitats, Carla!
© Elisabet Gimeno Aragón 2016

domingo, 22 de mayo de 2016

Tenían un plan

La semana pasada un niño y una niña de cuatro años se escaparon de un colegio de Barcelona, caminaron quince minutos hasta la Plaza Cataluña y cogieron un tren que los llevó hasta Valldoreix (a unos 30 Km). Allí un adulto se percató de que iban solos y llamó a la policía. Cuando le preguntaron a la niña la razón por la cual se habían fugado ella les contestó: “mi amigo tenía un plan”. Y desde luego que bien tramada estaba la aventura porque, teniendo en cuenta la llamativa y graciosa estampa que formaría la joven pareja, nadie se explica cómo burlaron la vigilancia del colegio, abrieron la puerta y nadie los paró por la calle.
Evidentemente, todas estas dudas se acabarán aclarando y se asumirán responsabilidades. Sin embargo, por muy grave que resulte la cuestión, esta historia no deja de tener un lado muy entrañable y simpático que cuadra a la perfección con el espíritu de este kuaderno. ¡Descubrámoslo!
Yo siempre he considerado que todo niño es un adulto en potencia. De ahí que esta intrépida pareja destaque por su capacidad de estrategia, espíritu de cooperación y valentía en estado puro. Virtudes que su entorno deberá reconducir a fin de evitar disgustos mayores. Ahora bien, ojalá nuestros protagonistas jamás olviden la magia de la que, esperemos, fue la primera de una larga lista de aventuras.

© Elisabet Gimeno Aragón 2016

domingo, 17 de mayo de 2015

Tejiendo redes

Cerca de mi casa hay un colegio de educación especial. Allí estudian chic@s de todas las edades que vienen de diferentes puntos de la ciudad. Por eso mismo, muchas veces coincidimos en el andén del metro.
Hace un tiempo bajaba la escalera cerca de una mamá y una niña de unos diez años. La edad era fácil de averiguar porque llevaba una mochila de la serie Violeta. La niña se llamaba Cristina y su madre no paraba de recordarle que llevaban prisa. Sin embargo, a Cristina le costaba hacer el juego del pie derecho y no le bastaba el brazo de su madre para bajar rápido el tramo de escaleras. Mientras tanto, un grupo de adolescentes ruidosos iban serpenteando entre la gente hasta que llegaron a la altura de Cristina. Momento en el que el instinto de conservación de la niña se activó y se cogió del brazo del chico que le quedaba al lado. Para mi sorpresa, él no lo dudó y cedió su brazo a Cristina, a la que se le dibujó una auténtica sonrisa de felicidad. Al mismo tiempo tod@s l@s viajer@s retrasamos el paso.
Fue un momento realmente bonito; porque ni el chico podría haberse prestado fácilmente a ayudar a Cristina ni la gente acostumbra a gastar tanta paciencia a las cinco de la tarde. Por supuesto, eso no quiere decir que l@s desconocid@s que coincidimos en esa escalera seamos mejores que el resto. No obstante, Cristina logró que antepusiéramos nuestros intereses a los de una desconocida. Ahora bien, ayudándola a ella también estábamos ayudándonos a nosotr@s mism@s. No en vano, cada vez que le echamos una mano a alguien estamos tejiendo una red de solidaridad que algún día, a la larga o a la corta, puede beneficiarnos.


© Elisabet Gimeno Aragón 2015
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