sábado, 30 de julio de 2011

Cuadro para una tarde de tormenta y sol

El primer fin de semana de junio viajé a Madrid. Aunque no tuve mucho tiempo, pude visitar la exposición Heroínas organizada por el Museo Thyssen-Bornemisza y la Fundación Caja Madrid. Muy acertadamente, Heroínas era calificada como una ciudad de mujeres fuertes. La visita a aquella urbe empezaba con  la soledad, sentimiento con el que iniciamos el viaje que nos conduce a "ser".
Nada más entrar tropecé con este cuadro: "Habitación de hotel" (1931) de Edward Hopper. Hacía tiempo que no me impresionaba tanto un cuadro. Después de todo, pocas soledades pueden ser tan puras como la de una persona confinada entre cuatro paredes con un libro, que no tiene intención de leer, como única vía de escape. Sin embargo, no me rebelé ante aquella desolación. Lentamente me dejé llevar hasta que me di cuenta de que no me convenía contagiarme de una soledad ajena. Mi salvación fue la ciudad de mujeres que aún me quedaba por visitar. La de la mujer del cuadro, lo que le espera una vez se vista y salga con sus maletas por la puerta, suponiendo que la habitación tenga puerta.
© Elisabet Gimeno Aragón 2011

Esta entrada inspiró a Maria de A taberna da Galiana un texto sobre la pintora Maruja Mallo: http://atabernadagaliana.blogspot.com/2011/08/maruja-mallo-porque-si.html

viernes, 22 de julio de 2011

Don Osito Marquina

La segunda semana de abril de 1925 llegaron Federico García Lorca y Salvador Dalí a Cadaqués para pasar las vacaciones de Semana Santa junto a la familia del pintor. Aquellos días fueron inolvidables para el granadino por varios motivos. Por un lado, Federico fue acogido cariñosamente por parte del padre de Salvador y de "tieta" (tía de los niños Dalí que se había convertido en adorable madrastra a la muerte de su hermana). Incluso, como un hijo más, el poeta llegó a disponer de habitación propia en la casa blanca de la playa de Es Llané. Por otro lado, el dramaturgo inició una gran amistad con Anna Maria, la benjamina de la familia. Ahora bien, del vínculo que el andaluz estableció con todos los habitantes de la casa cabe destacar su peculiar relación con Don Osito Marquina. La presencia de este ilustre personaje en las vidas de Federico, Anna Maria y Salvador es importante porque nos ayuda a entender cómo la amistad fue una forma de expresión más de la creatividad de la que fueron dotados.
Todo empieza con la niñez que vivieron los hermanos Dalí. A pesar de llevarse cuatro años, Salvador y Anna Maria fueron compañeros inseparables durante la infancia y la juventud. La niña no solo ejerció de modelo en varias ocasiones para el artista, sino que entendía a la perfección el complejo universo de su hermano. Todo consistía en jugar. Anna Maria no comprendía cómo los adultos podían vivir sin jugar y jugando continuaron los hermanos durante sus primeros años de juventud. Compinche de tantas aventuras fue también el osito de peluche de Anna Maria. Ataviado con un delantalito, zapatillas, un sombrero y sentado en su pequeño sillón, el osito casi siempre estaba en la habitación en la que se encontraban Salvador y Anna Maria. Para ellos el osito era tan importante que no solamente lo incluían en sus juegos y bromas, sino que Salvador a veces le ponía libros de filosofía para que se instruyera. No muchas personas podían comprender la presencia de este compañero de arte y aventuras. Sin embargo, alguien tan especial como Lorca lo entendió de tal manera que decidió incorporarlo a su círculo de amistades (incluso en junio de 1927 realizaron los dos solos un viaje en taxi de Figueres a Cadaqués) y le dio el nombre con el que ha pasado a la historia. Un día le preguntó a Anna Maria cómo se llamaba el peluche y ella le respondió que "Osito". Entonces, Federico contestó que seguramente era pariente del dramaturgo Eduardo Marquina porque se le parecía mucho. Así que lo rebautizó con el nombre de "Don Osito Marquina".

Uno de los privilegios que tuvo tan distinguido peluche fue el de asistir a la amistad que se forjó entre Federico y Anna Maria. Ya de entrada, el poeta se quedó prendado de la belleza de la muchacha a la que comparaba con el Arcángel San Gabriel. No obstante, con el paso de los días descubrió en Anna Maria a una igual a pesar de los diez años de diferencia. Con ella habló de un sinfín de cosas, se divirtieron jugando y de Anna Maria recibió sus primeras lecciones de catalán, todo casi siempre bajo la atenta mirada del Osito. Cuando terminaron las vacaciones el poeta y la niña Dalí siguieron su relación por correo, aunque se vieron en otras ocasiones. En ningún momento Federico olvidó al muñeco de peluche ya que le escribió postales y alguna que otra carta, correspondencia que Anna Maria contestaba como si fuera el Osito.
Desgraciadamente la magia de aquel grupo tan variopinto acabó por desvanecerse. Diversos fueron los motivos. Por un lado, con el tiempo el pintor y el poeta se enemistaron por razones que no son claras del todo. Por el otro, el asesinato del granadino y el camino artístico y personal que inició Salvador imposibilitaron una reconciliación duradera. Don Osito Marquina fue compañero fiel de su legítima dueña a lo largo de su vida, la cual transcurrió mayormente en la casa de Es Llané. A ratos vivió en la habitación de Anna Maria y a ratos en el taller del Abejón de Oro (mote que Lorca había puesto a Dalí por el ruido que hacía al apretar los labios mientras pintaba). Actualmente, Don Osito Marquina reside en el Museu del Joguet de Figueres ocupando un lugar de honor en la sala dedicada a los veinte primeros años de Dalí.
He dedicado mi primera entrada a un muñeco de peluche tan ilustre a fin de homenajear a estos fieles compañeros de la infancia. Resulta irónico cómo son habitualmente olvidados cuando fueron ellos los que más nos acompañaron a lo largo de nuestros primeros años de vida. Esta idea me la insinuó hace unos días Tristón y yo le he hecho caso.
©Elisabet Gimeno Aragón 2011










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