domingo, 18 de septiembre de 2011

Merendando con Jane Austen

"Es una verdad reconocida universalmente que a todo hombre soltero que posee una gran fortuna le hace falta una esposa." Tarde o temprano tenía que empezar con la primera frase de Orgullo y prejuicio y hoy es el día perfecto. Sin embargo, ni voy a hablar de esta novela ni de la crítica a la sociedad del momento que hace su autora. Hoy saldrá varias veces el nombre de Jane Austen y también el de Emily Brontë, pero de una manera que seguramente ellas jamás imaginaron.
De tanto nadar el otro día volví con mucho hambre de la playa, como siempre. Por mis padres sabía que en la calle Petritxol habían abierto una tienda de pasteles en la que venden un cupcake que se llama "Jane Austen", escritora que me gusta mucho. Así que, aunque no soy muy dulcera, decidí que era un buen día para probarlo y, ya de paso, escribir una reseña para La Cocina de Sariqui, el blog de mi amiga Sara.

The Cake's Garden
Cuando llegué a la tienda me recibieron Jane Austen, Shirley Temple y Andy Warhol, entre otros. Todo esto porque en The Cake's Garden casi todos los cupcakes tienen nombre y apellido. De modo que tendría que inventarme el criterio que seguiría para elegir al personaje ilustre que, junto a Jane Austen, me llevaría a casa. Al final me salió la filóloga que llevo dentro y me decidí por Emily Brontë. De esta manera a lo mejor se me pegaba algo...
Con mis dos pilares de la literatura inglesa bien empaquetados salí de la tienda. Cerca ya de la  Catedral oí un movimiento sospechoso dentro de la bolsa y la abrí. La señorita Austen había resultado ser inquieta y se había caído hacia un lado. Con el calor que hacía el buttercream de la decoración empezaba a peligrar y mucho. Ya en el coche fue peor porque, mientras Emily Brontë aguantaba bien el viaje y no se descocaba, Jane Austen no paraba de chocar contra el envoltorio. Al final no me quedó otra solución que sacarla del paquete y llevar en la mano a un cupcake con un afán de protagonismo que nada tiene que ver con el carácter modesto de la escritora que le da nombre. Así que, excepto mi madre que no me miraba por el ataque de risa que podía darle, los ojos de todos los conductores iban de Jane Austen a mí y de mí a Jane Austen. Supongo que más de uno se pensaba que aquello era una cámara oculta. En realidad, por cosas como esta mi madre me llama desde pequeña "la niña problemas" y, a estas alturas, yo ya acepto que en mi karma va incluido un generador de anécdotas como la de hoy.
Emily Brontë y Jane Austen
Cuando llegamos a la avenida en la que vivo escondí en su paquete a Jane (a estas alturas alguna confianza digo yo que me puedo tomar). Corría el riesgo de que se estropeara, pero tampoco iba a dejar que me colgaran la etiqueta de "excéntrica" por culpa de un cupcake. Ya en casa comprobamos el estado de las dos. Emily estaba impecable y Jane solo un poco despeinada por un lado. Les hice las fotos para el blog y las disfrutamos con un rico té (of course).
Con unos cupcakes tan buenos me resultó muy fácil escribir mi recomendación (leedla aquí). En cuanto a la mejora de mi talento narrativo, a lo mejor se me ha contagiado algo de estas dos geniales escritoras y voy por el buen camino...
© Elisabet Gimeno Aragón 2011

sábado, 3 de septiembre de 2011

Bianca Castafiore. La diva du vingtième siècle

Todo cantante de ópera al que se le pregunte tiene uno o más referentes. En ocasiones esta influencia sería como una asignatura más de la carrera y otras veces llega a deformar la propia personalidad. Sea como fuere, ¿por qué ningún cantante incluye a Bianca Castafiore en su lista de influencias? Al fin y al cabo, la única creación femenina del genial Hergé tiene garantizada la gloria eterna porque generaciones de lectores que aún están por venir sabrán de ella. Además, se la considera la intérprete más conocida del "Aria de las joyas", la cual nunca le hemos escuchado cantar entera. Finalmente, porque el Ruiseñor milanés nos hace reír y eso no tiene precio.
Hace un tiempo acompañé un examen de cámara y me regalaron el libro Bianca Castafiore. La diva du vingtième siècle. En el libro la periodista belga Mireille Moons estudia (con toda la carga científica que implica la palabra) a la diva italiana desde dos puntos de vista. Por un lado, muestra cómo pasa de ser una ridiculización que nos da risa a un personaje cómico que nos hace reír. Por el otro, como Hergé era una persona muy atenta a la moda, Moons cuida mucho la parte visual del libro. Así pues, la periodista lleva a cabo una gran labor de investigación y cada viñeta que comenta la conecta con las tendencias del momento. De esta manera, el libro se convierte en un divertido paseo por la moda en el que aparecen continuamente propuestas de revistas como Marie-Claire y firmas como Dior, Cartier o Chanel.

Tintin en Syldavie (1938)

En 1938 dentro de la aventura Tintin en Syldavie una reputada figura de la lírica apodada "el Ruiseñor milanés" viaja a Klow (capital de Sildavia) para un recital. En la misma dirección pero con la intención de detener un complot en contra del rey se dirigen Tintín y Milou. La diva los recogerá en su coche y, mientras llegan a su destino, les cantará el aria con la que ha cosechado sus más grandes triunfos: el "Aria de las joyas". Con tal rotundidad, irrumpe la soprano irónicamente llamada "Blanca Casta Flor" en las aventuras de Tintín.
¿Por qué razón en el universo de Hergé sólo tiene cabida una mujer y, encima, cantante de ópera? Porque al un tanto misógino historietista le aburría la ópera soberanamente y se moría de risa al ver a aquellas cantantes obesas en según qué papeles. De hecho, en un principio Hergé quería que también nos riéramos de la Castafiore en cada una de sus breves pero intensas apariciones. En cuanto a la elección del papel de Margarita, responde a una cuestión de popularidad; ya que el Fausto de Gounod fue y aún es una de las óperas más representadas de la historia de la música. Así pues, no es de extrañar que en el recital de Klow Hergé embuta al Ruiseñor en un traje de color malva y le cuelgue unas trenzas rubias. Ante semejante visión al lector-espectador no le queda otra que pensar que Margarita tiene serios problemas si, vestida de este modo, canta el aria de la vanidad por excelencia y se ve guapa ante un espejo.
Las siete bolas de cristal (1943)
 La década de los 40' supondrá una dura prueba para Europa. En lo peor de la guerra la Prima Donna rebajará su cachet y actuará en sitios como el Music-Hall Palace de Bruselas, lugar en el que la encontramos en Las siete bolas de cristal (1943). Para esta ocasión Hergé le tiñe el pelo de color caramelo y la peina con la idea de convertirla en una parodia de Marlene Dietrich en El ángel azul (1930). Habrá que esperar a la década de los 50' para que el pelo de la italiana vuelva a ser rubio y todo se conjugue a su favor. Esta etapa dorada en la que el Ruiseñor milanés se convierte en personaje que nos hace reír culminará con la publicación de Las joyas de la Castafiore (1960). Ahora bien, empecemos conociendo los dos motivos principales de este reconocimiento a la soprano.
Grabación para la televisión
La primera causa de la metamorfosis de la diva guarda relación con la vida privada de su creador. Hergé mejora su concepto del sexo femenino gracias a su colorista Fanny, de la cual está enamorado y por la que acabará dejando a su mujer. Por otro lado, dos fenómenos sociales de los 50' alimentarán la imaginación del historietista hasta dar como resultado la aventura de las joyas. En primer lugar, tal como proclama Vogue y ratifica Marylin Monroe en su canción, el diamante es el rey. En segundo lugar, el robo de las joyas de la Begum, quinta esposa del Agha Khan y su posterior recuperación conmocionan a la sociedad del momento.
Con solo leer  el título del álbum, Las joyas de la Castafiore, celebramos el triunfo del Ruiseñor milanés puesto que Hergé le dedica una aventura que la consagrará como la soprano del mundo del cómic por excelencia. Evidentemente, Bianca aprovecha la ocasión al máximo invadiendo el castillo de Moulinsart y acaparando todas las viñetas que puede. De esta manera, asistiremos al día a día de una reputada figura de la lírica. En realidad, nuestro privilegio será tal que la veremos en bata y gorro de dormir y conoceremos el perfume que utiliza (Arpège de Lanvin).
Diseño exclusivo de Biki Milán
para Maria Callas
Otro de los honores que recibe la soprano guarda relación con su vestuario. Tras la carencias de la década anterior, los años 50' se caracterizan por un exagerado esplendor. Vuelven la etiqueta y la convención hasta el punto que cada momento del día exige un atuendo diferente. Por supuesto, el Ruiseñor seguirá religiosamente los dictados de la moda. En consecuencia, el historietista cambia el look de Bianca coronando su cabeza con un peinado al estilo Caravelle y le crea un vestuario compuesto por trece vestidos. Personalmente, me quedo con dos. En primer lugar, el little black dress que, siguiendo los dictados de Coco Chanel, Bianca luce cuando se reúnen todos en el castillo para ver el programa de televisión para el que ella ha cantado. En segundo lugar, el traje rojo que viste en la grabación de dicho programa y que es una copia exacta del diseño que Biki Milán, nieta de Puccini, realizó para Maria Callas.
Llegados a este punto, es obligatorio hablar de La Divina porque Bianca Castafiore le debe mucho. La Callas acaba con el arquetipo de la cantante obesa y con la ayuda de Biki Milán, que crea colecciones exclusivas para ella, se convierte en un icono de estilo que todavía hoy siguen algunas cantantes. En cuanto a esta cuestión, ya hemos conocido las inquietudes fashion de Bianca. Sin embargo, hay que destacar que esto también afecta al vestuario con el que la diva sube al escenario. En El asunto tornasol (1956) Hergé diseña para la Prima Donna un favorecedor modelo color burdeos inspirado en las indicaciones para el vestuario de las primeras reprsentaciones de Fausto que, a su vez, siguen la moda que llevaban las burguesas alemanas de finales del siglo XV.

María Antonieta Castafiore saludando a
los "hijos de la aventura"

Tomando como referencia el vestuario para el teatro, Mireille Moons nos descubre que, si Bianca Castafiore fuera una mujer de carne y hueso, sin duda alguna hubiera rivalizado con la Callas y la Tebaldi. En Stock de coque (1958) la soprano viaja a bordo del Shéhérezade, barco que guarda gran parecido con el Christina de Onassis. Justo en el momento en el que el barco salva al Capitán Haddock, a Tintín, a Milou y al piloto del avión, se está celebrando una fiesta de disfraces. Para el evento la diva de la Scala de Milán se ha transformado en María Antonieta gracias a un vestido prácticamente igual al que La Divina llevaba para interpretar la Armida de Rossini en Florencia en 1952. En consecuencia, Hergé convertiría a la Castafiore en una virtuosa ya que pocas sopranos pueden cantar este papel debido a su gran dificultad.
Finalmente, en una aventura como la de las joyas es importante el interés de la prensa por la vida de los personajes famosos. Publicaciones como Life o Paris Match (Paris Flash en el universo de Tintín) son revistas de información sobre la actualidad que incluyen grandes reportajes y fotos exclusivas. Y actualidad es también la glamorosa vida de la alta sociedad. Así pues, si Grace Kelly, Farah Diva o Maria Callas aparecen en este tipo de prensa, el Ruiseñor milanés también. En cuanto a esta cuestión, creo que Moons no presta la atención suficiente a la relación que mantiene la italiana con los medios de comunicación y esta es importante porque nos muestra la astucia del personaje. La diva sabe que el secreto de la popularidad consiste en estar en boca de todos siempre. Cualquier excusa es buena: la variedad de rosa "Bianca Castafiore" que en su honor crea el profesor Tornasol, el falso romance con el capitán Haddock que ella nunca desmiente... La Prima Donna maneja a la prensa a su antojo. En Las joyas de la Castafiore "okupa" el castillo para huir del asedio de los periodistas. Sin embargo, consciente de la expectación que ha causado su desaparición, hace concesiones al Paris Flash para que todo el mundo sepa cuál es su escondite y graba un especial para la televisión. De hecho, hasta sacará partido del robo de su esmeralda. Al tratarse de un personaje público, los medios de comunicación consideran que deben hacer un seguimiento del robo; al igual que ocurre en Tintín y los Pícaros (1976) cuando el juicio por complot de la Castafiore es televisado. Ahora bien, el hecho que nos confirma que la diva de la Scala de Milán es una mujer de gran inteligencia es el partido que saca a sus joyas. Tal como afirma Moons, a parte de la consabida esmeralda, desconocemos cuántas de las joyas de la italiana son verdaderamente valiosas. No obstante, eso es secundario. Consciente de que importa más aparentar que ser o tener, Bianca logra convencernos de la valía de estos accesorios tan caros. Así, de vez en cuando, para que todos nos acordemos de la existencia de sus tesoros monta un escándalo porque no sabe dónde están. Sin embargo, la gran tomadura de pelo será en Tintín y los pícaros cuando incorpora en su comitiva a los detectives Dupondt para que custodien sus alhajas.
En pleno juicio por complot
Llegados a este punto, servidas están las razones por las cuales Bianca Castafiore podría ser una influencia para cualquier cantante. Virtuosismo, fama, astucia, moda... Cada cual que elija. Mientras tanto, el Ruiseñor milanés no se impacienta porque ella sabe que, si no somos nosotros, otros caerán rendidos a sus pies. Al fin y al cabo, hasta su propio creador sucumbió a su personalidad arrolladora. Y mientras llega el día en el que alguien convierte a la Prima Donna en su referente como cantante os recomiendo este libro de Mireille Moons. Bianca Castafiore. La diva du vingtième siècle, un libro para amantes de la música, del cómic, de la moda y curiosos en general.
© Elisabet Gimeno Aragón 2011
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...