viernes, 25 de noviembre de 2011

¿Duelo por Tijana?

Hace ya tiempo me escribía con gente de diferentes países para practicar el inglés y saber más sobre el mundo. Mi primer penfriend ("amigo de pluma" literalmente) se llamaba Harish y era de Birmingham. Nos carteamos durante unos tres años y a través de él fui ampliando mi círculo de amigos porque me enviaba friendship books ("libros de amistad"). Estos no son más que unas hojas convertidas en cuadernillos gracias a unas grapas en los que la gente apunta su dirección y sus intereses. El cuadernillo te llega a través de un amigo y, después de haber añadido tus señas, se incluye en tu siguiente carta a otra persona. Una vez el librillo está lleno, en teoría se devuelve a quien lo ha iniciado. De esta manera llegué a conocer a Chiara de Italia, a Tanja de Alemania, a Anita de Polonia, a Mari de Finlandia y a Tijana de Yugoslavia.
Una amistad por carta sigue unas reglas similares a las de cualquier otra relación. A veces no se pasa de la carta de presentación y en ocasiones dura toda una vida. Algunas amistades se acaban a causa de confusiones por falta de dominio del idioma, otras por cambio de intereses, etc. La primera vez que te dejan de escribir no gusta, luego una se da cuenta de que la vida funciona así. Ahora bien, el problema viene cuando la persona no te contesta y quizá es porque está muerta. Eso me pasó con Tijana.
Tijana
Tijana vivía en Belgrado y estudiaba tercero de Historia del Arte. Además, había trabajado como redactora durante un tiempo en un periódico de su ciudad. Las dos teníamos curiosidad por las mismas cosas. En consecuencia, fue fácil contestar a su primera carta. El 6 de marzo de 1997 Tijana me escribió por segunda vez. En esta ocasión me hablaba de las manifestaciones que desde el 17 de noviembre de 1996 hasta febrero de 1997 se celebraban a diario en contra del régimen de Milosevic. Sus palabras estaban llenas de resentimiento ya que durante las protestas masivas organizadas por los universitarios había visto cómo herían gravemente a alguno de sus amigos. Por otro lado, el caos imperaba en Belgrado hasta el punto que ni siquiera sabía cuándo volverían a la universidad. En la segunda parte de su carta hablaba de cosas más mundanas y cotilleaba un poco sobre su hermana Jasna. Parece ser que había empezado a salir con un amigo de Tijana y ella encontraba rara y divertida la situación. Luego se despedía con millones de besos y me pedía que le enviara una foto mía. En seguida le contesté y le prometí que en mi siguiente carta le haría llegar mi foto. Nunca más me la volvió a reclamar...
Primero pensé que no daba señales de vida por alguna de las razones de siempre. Sin embargo, no me quitaba de la cabeza que durante aquellos años había muerto mucha gente a causa del conflicto de los Balcanes. Mi amiga Laia, que también se escribía con Tijana, un día me confesó que pensaba igual. Seguramente siempre nos quedaría la duda. Por eso mismo, una tarde busqué a Tijana en la red y no di con ella. De hecho, encontré a unas cuantas y la única foto que tenemos tampoco nos sirve después de tanto tiempo. A falta de una, muchas. Supongo que esa es una de las ironías de Internet.
Empecé a escribirme con gente de otros países para saber más del mundo. Y así ha sido. He pasado muy buenos ratos carteándome con personas muy dispares. Ahora bien, a veces resulta duro pensar que quizá perdí a una amiga en una guerra que vista por televisión parecía muy lejana.

*Agradezco a Laia Farrés el haberme cedido la foto de Tijana.
© Elisabet Gimeno Aragón 2011 
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