domingo, 24 de junio de 2012

Escena a la hora azul

El último jueves de mayo fui a ver La habitación azul de David Hare al Teatro Romea. Durante hora y media asistí a las intimidades de un grupo de personajes muy bien interpretados con los que era muy difícil no sentirse identificado en algún momento. Personajes, además, que cambiaban completamente según con quien interactuaban.

De esta manera, tropecé de nuevo con el tema de los desdoblamientos, materia que me apasiona y que trabajé cuando estudié El público de García Lorca. Entonces, me di cuenta de que, a pesar de haber analizado muchísimos personajes a lo largo de mi vida, en pocas ocasiones me había visto como la protagonista de una obra de teatro. Desde ese momento he abandonado unas cuantas veces la realidad para investigar mi ficción. Me han salido tantas "yo" como figuras tiene un caleidoscopio. De ese inmenso mosaico hoy elijo a la niña de dos años que negoció con los Reyes Magos "dejar" el chupete a cambio de un muñeco-bebé, a la adolescente que viajó en avión con su tortuga metida en una pecerita de plástico y a la Elisabet que le encanta el color rojo.
Desde que a ratos me convierto en personaje teatral soy más dramaturga que nunca. Me he hecho el propósito de estar rodeada de personajes que saquen lo mejor de mí en el máximo número de escenas posible. Por eso mismo, finalmente brindo por aquellos días en los que nos hacen creer que somos "alguien bueno" tal como dice Lou Reed en Perfect day, canción con la que acababa La habitación azul.
© Elisabet Gimeno Aragón 2012 
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