domingo, 15 de julio de 2012

La niña que encontraron debajo de una col

Dos niñas que podrían ser la Sira y la Eva de este no-cuento
"Había una vez dos niñas de siete años que un día, después de merendar, decidieron maquillarse la una a la otra mientras hablaban de sus cosas. Se llamaban Eva y Sira.
Como a veces pasa incluso entre las mejores amigas, acabaron riñendo porque a Sira no le gustaba el juego de sombras que Eva había elegido para ella. Según la niña, la culpa la tenían los ojos verdes y el pelo rubio de Sira. La respuesta, por supuesto, no tardó en llegar. Con el tono propio de una experta, Sira afirmó que aquella era una cuestión genética. Que ella había sacado el pelo y los ojos de su papá, al igual que Eva tenía el pelo negro y los ojos marrones de su mamá. Entonces, Eva le confesó que era adoptada, pero Sira siguió atacándola. Le gritó que, aunque no la conociera, a alguien de su familia se parecía a la fuerza, porque la genética ya manda cuando te llevan en la barriga. Hecha un mar de lágrimas, Eva le contestó que ella no era como los demás, que no había crecido en la barriga de nadie y que no sabía dónde la habían hecho..."
Y hasta aquí lo que parecía un cuento pero jamás lo fue. Si esto hubiera sido un cuento, Eva se sentiría bien consigo misma porque conocería su origen mágico. Es decir, su madre pensaba que nunca tendría hijos y un hada buena le predijo que un día encontraría una preciosa niña debajo de una col. Sin embargo, la vida no acostumbra a regirse según las normas de los cuentos y el principio de este texto no es más que el fragmento de una conversación que escuché hace un tiempo. No sé cómo acabó la pelea y si las amigas se reconciliaron. Ahora bien, considero que la madre de Eva hubiera podido ahorrarle el sufrimiento de creerse rara.
Cada persona educa a sus hijos como quiere y entiendo que la mujer no le contara la verdad a la niña para no entristecerla. No obstante, creo que con siete años Eva ya podía empezar a entender que, en ocasiones, las cosas que no son como nos enseñaron encuentran una solución mejor. Eva disfrutaba de una madre que la quería y eso es lo único que realmente importa.
© Elisabet Gimeno Aragón 2012 

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