domingo, 24 de marzo de 2013

A grandes problemas pequeños remedios

Cuando ya casi se cumple el primer trimestre de este complicado 2013 toca hacer balance de lo que llevamos de año. Así, mientras los economistas sentencian que 2013 ya empezó muerto, nos recortan por doquier. No contentos con ello, nuestros dirigentes recomiendan cómo reaccionar ante tales injusticias. Para muestra dos de los últimos consejos de nuestros muy honorables políticos. En primer lugar, no hay que quejarse ante la próxima subida del precio del agua porque en Alemania es mucho más cara. En segundo lugar, en la ardua tarea de salvar la cultura no debemos esperar que todo el dinero lo consigan los políticos. No, esa es una labor que sobre todo corresponde a los propios artistas. Como si no lleváramos tiempo haciéndolo...
Críticas aparte, reconozco sin manía alguna que nuestros políticos trabajan por y para los ciudadanos. De este modo, en ocasiones deciden reunirse a fin de buscar soluciones para salir de la crisis y demás entuertos. Ante eventos de tal magnitud siempre pienso en botellas de agua y delicias de nombre complicado. Refrigerios que muchas veces se pagan con dinero público y cuyo gasto se podría destinar a una cuestión que, como diría Mafalda, desde esta humilde sillita propongo.
Dado que muchos tratos se "cocinan" y se cierran en esos momentos en los que se libera la gula, no podemos privar a nuestros muy honorables de la posibilidad de la negociación. Así pues, como tal labor forma parte de su cometido, deberían prepararse en casa una fiambrera con lo que fueran a comer, al igual que hacen muchos trabajadores cada día. Ahora bien, si nuestros muy honorables no quisieran perjudicar a las empresas de catering, podrían pagar tales ágapes con sus dietas correspondientes. Sea como fuere, aplicando cualquiera de estas dos medidas se ahorraría un dinero con el que se podría costear la comida de mucha gente necesitada.
© Elisabet Gimeno Aragón 2013


domingo, 10 de marzo de 2013

Primera tarde de poesía

Mi abuelo Juan siempre decía que hay que vivir horas nuevas. Nunca coincidimos en esta vida. No obstante, siempre he intentado cumplir esta máxima. La última vez hace poco más de una semana en mi debut poético.
Con motivo del Día de Andalucía la sección de historia del Ateneu Barcelonès celebra a finales de febrero un acto conmemorativo. Yo ya había colaborado los dos años anteriores cantando textos de Lorca y Alberti respectivamente. Sin embargo, en esta ocasión se decidió dar voz a poetas vivos. En consecuencia, para la tarde del pasado 27 de febrero cinco fuimos los poetas convocados: Dolores de la Cámara, Abelardo Gil, José Membrive, José Luis Ruiz y la abajo firmante.
Mi primera rosa literaria
Desde siempre me ha gustado escribir y la poesía es un género que a épocas ha salido de mi pluma. Ahora bien, no es fácil dar a conocer algo que siempre has cultivado bastante en secreto. Por otro lado, amante de los retos, decidí escribir poemas para la ocasión. Determinación que hizo que la intriga estuviera servida hasta seis días antes del evento, momento en el que las palabras fluyeron disciplinadamente para que las apuntara en un rato libre. Logrados los textos, la anécdota todavía no ha acabado porque debía recitarlos el día indicado.
Con el desconcierto propio de las primeras veces, la niña problemas encaminó sus pasos rumbo a la calle Canuda. Entonces, los minutos volaron para situarme en el escenario y dominar las palabras que yo había hilvanado. Después, contenta me senté a disfrutar del recital poético-musical que seguía. Mientras escuchaba a Sara Fernández, A. González Vilela y José Romero ni me imaginaba lo que me esperaba. Para empezar, mi primera rosa como poetisa y rapsoda. Luego, una petición y una sugerencia. Una señora quería recitar una de mis poesías y me preguntó la editorial que las había publicado. Como eso aún no ha ocurrido, me aconsejó que lo hiciera ya. Así que, de momento, elijo mi kuaderno para dar a conocer uno de los textos resultantes de mis primeras horas de poesía. Espero que os guste:
          
Palabras Nómadas
Espero a que caiga la noche.
Mientras, en mi buhardilla: el silencio y el frío.
Se hace largo, demasiado largo.
De repente, las campanadas reclaman a Cenicienta
y sé que ha llegado el momento.
Miro por la ventana y las veo venir.
Rodeando la luna y coqueteando con las estrellas
llegan tus palabras.
Palabras nómadas que fueron pensadas y nunca me dijiste.
Las cojo al vuelo y las guardo con recelo en la cesta del pescador.
Hoy el botín ya es suficiente y empiezo a tejer mi colcha.
Una colcha de palabras nómadas que fueron pensadas y nunca me dijiste.
Ya no temo al frío y al silencio,
porque mañana tus palabras me abrigarán y me dormiré al arrullo de tus susurros.

  © Elisabet Gimeno Aragón 2013 

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