domingo, 22 de septiembre de 2013

La otra Alice

Como buena filóloga tengo ordenados mis libros siguiendo unos criterios determinados: género, nacionalidad del autor, etc. De ahí que, rebuscando el otro día en mis estanterías, me diera cuenta de que las obras de ficción se podían dividir en dos subcategorías: las que te enrolan en una aventura completamente ajena a tus circunstancias y las que te convierten en espía. Un espía que, en realidad, también podría denominarse "fisgón", porque estos libros nunca te implican en conflictos internacionales. Al contrario, estas historias se concibieron como un boquete que permite curiosear en la vida de personas con las que hoy mismo podrías cruzarte por la calle.
Este verano he fisgoneado en la vida de Alice, novela homónima de la escritora sarda Milena Agus. Todo empezó porque la portada no me convencía y acabé espiando a una Alicia que ni persigue a un conejo blanco ni come galletas mágicas. No, la magia que rodea a la vulnerable Alice nace del árbol genealógico que crece fuerte a su alrededor y que no se basa solamente en lazos sanguíneos. La nueva familia de Alice se constituye gracias al cariño y respeto que, a pesar de muchas razones, se acaban procesando las personas que la rodean.
Para acabar, os preguntaréis cuál es la prueba que convierte en fisgón literario a cualquiera que lea esta novela. Fácil: la encrucijada final de la historia. Si fuéramos asistentes autorizados a ese suspiro decisivo en la vida de Alice, nos hubieran informado de la elección de la muchacha con todo lujo de detalles. Como no es así, no nos queda otra opción que especular sobre el destino de Alice y constatar que cada rosa tiene su espina.
© Elisabet Gimeno Aragón 2013


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