martes, 22 de julio de 2014

1, 2... ¡3 años ya!

¡Tres años ya! Se dice pronto pero, si lo pienso detenidamente, muchas cosas han pasado durante este tiempo. Sobre todo en los últimos 365 días, en los que el aturullamiento ha sido tal que, a veces, me he llegado a olvidar de mi kuaderno.
Ni todo ha sido para bien, ni todo ha sido para mal. No os voy a marear con ello. Sin embargo, de esta novela por entregas sí quiero destacar un proyecto en el que he puesto mucha ilusión. Se trata de mi primer disco. Saldrá este otoño y se llamará Soñando las playas. Encontraréis un avance aquí
Y ya no me queda más que desearos un buen agosto. Nos vemos este septiembre en la blogosfera, a la cual volveré con una cesta llena de historias.
¡Muchas gracias por vuestra curiosidad!
 
© Elisabet Gimeno Aragón 2014
 


jueves, 24 de abril de 2014

El mundo sin ella

Hoy quisiera hablaros de Júlia, la hermana de nuestro ya conocido Sir William. Júlia tiene el pelo rizado, unos grandes ojos verdes y pestañas eternas. A veces cecea, es muy coqueta y se entristece cuando Blancanieves muerde la manzana envenenada. Hoy cumple cinco años y este es mi regalo.
Ilustración de Adolie Day
A mí me gusta mucho hablar con Júlia. Recurriendo a la lógica y la sabiduría que le confieren sus años de experiencia, halla sola la respuesta a muchas cuestiones. Y para lo que no sabe siempre pregunta. Así nos encontrábamos un día viendo fotos de cuando ella nació. En unas cuantas aparecía con una moneda de euro en el pecho y, desconcertada, me preguntó la razón. Yo le dije que su padre lo había hecho para inmortalizar los primeros centímetros que le iba ganando a la vida. De este modo, me convertí sin quererlo en informadora oficial de todo aquel pasado anterior a su nacimiento.
Le tuve que contar cómo éramos todos, a qué jugábamos, si también escribíamos la carta a los Reyes y, cosa muy importante, si su abuela Maribel ya cocinaba macarrones. Después de un rato largo saciando sus ganas de saber se le acabaron las preguntas y se retiró para estar sola. Yo creo que le costaba creer que el mundo hubiera arrancado a girar sin su consentimiento. Aunque tampoco es de extrañar, más de uno seguro que piensa lo mismo. Ahora bien, una cosa es absolutamente cierta. Ninguno de nosotros se imagina ya el mundo sin ella. Per molts anys, Julieta!!!
                                                                         © Elisabet Gimeno Aragón 2014
 



domingo, 26 de enero de 2014

De paisajes urbanos

En mi barrio hay farolas, papeleras y demás objetos considerados "mobiliario urbano" porque facilitan la vida en cualquier espacio público. Cuestiones prácticas aparte, este paisaje urbano se complementa con muchos árboles, flores, estatuas y un indigente. Sí, habéis leído bien. Cualquier persona que convierta un rincón del espacio público en su hogar se incorpora a la particularidad del sitio. Otra cosa es que guste o no guste. Reacción esta última que implica que, al igual que ocurre con determinados objetos decorativos, muchas personas acaben catalogando como "trasto" a alguien atrapado en tal situación.
Hay tantas historias sórdidas como indigentes en la calle. Del protagonista de la de hoy ni siquiera sé el nombre. Sólo sé que debe tener unos cincuenta años y usa muletas. Dicen que a causa de su invalidez cobra una paga. Sin embargo, las malas compañías, el alcohol y sustancias varias lo echaron todo a perder. Le encontraron plaza en una residencia, pero a la semana ya se había fugado. Duerme al cobijo de un cajero y reparte su vida entre los bancos del parque y la puerta de la iglesia donde pide. Cualquier mañana, tarde o noche nos dará un susto. De hecho, un día en menos de tres horas hubo que llamar dos veces a urgencias.
Con un historial así, evidentemente desde hace tiempo tiene dividido al vecindario. Por un lado, los hay que nos preocupamos. Por el otro, están los que sin tapujos opinan que no se merece ni pizca de atención. Mientras tanto, él deja pasar los días. Y al final solo queda la impotencia y el no acabar de entender este mundo.
 © Elisabet Gimeno Aragón 2014


domingo, 12 de enero de 2014

Un beso para Sir William

Había una vez un doncel de pelo dorado, ojos azules y mejillas sonrosadas cual dos apetitosas manzanas que parecía sacado de un cuento de hadas. Por eso mismo, la niña problemas le concedió un título nobiliario cuando nació y mandó bordárselo en letras azules en un babero-bata. Desde entonces, una parte del círculo íntimo del muchachito le llama "Sir William".
El 31 de diciembre de 2013 nuestro adorable protagonista celebró su segundo fin de año. La primera parte de la noche fue realmente emocionante. El joven William probó varios tipos de pan y descubrió el sorbete de limón junto a su hermana Júlia y su prima Carla. Tras las uvas empieza nuestra anécdota. Dado que Morfeo parecía haberse olvidado de los tres infantes, se decidió obsequiarles con la película de Blancanieves. Como era de esperar, el cuento embrujó a los tres hasta el punto que la confusión entre realidad y ficción no tardó en manifestarse.
La llegada de Blancanieves a la casa de los enanos pilló a William cerca de la pantalla de televisión. Tan cerca que, cuando la princesita dijo "hola" para saber si había alguien, el niño le contesto todo caballeroso. No contento con ello, acercó todavía más su carita ensoñadora para darle un beso de bienvenida a la muchacha. Por supuesto, lo alejamos enseguida de la pantalla. Ahora bien, no pareció molestarle. Seguramente porque tiene la absoluta certeza de que tarde o temprano lo logrará. No lo olvidéis. En su corazón de niño él es un príncipe que besará a esta princesa, por mucho que Blancanieves sea un dibujo animado.
© Elisabet Gimeno Aragón 2014

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