domingo, 26 de enero de 2014

De paisajes urbanos

En mi barrio hay farolas, papeleras y demás objetos considerados "mobiliario urbano" porque facilitan la vida en cualquier espacio público. Cuestiones prácticas aparte, este paisaje urbano se complementa con muchos árboles, flores, estatuas y un indigente. Sí, habéis leído bien. Cualquier persona que convierta un rincón del espacio público en su hogar se incorpora a la particularidad del sitio. Otra cosa es que guste o no guste. Reacción esta última que implica que, al igual que ocurre con determinados objetos decorativos, muchas personas acaben catalogando como "trasto" a alguien atrapado en tal situación.
Hay tantas historias sórdidas como indigentes en la calle. Del protagonista de la de hoy ni siquiera sé el nombre. Sólo sé que debe tener unos cincuenta años y usa muletas. Dicen que a causa de su invalidez cobra una paga. Sin embargo, las malas compañías, el alcohol y sustancias varias lo echaron todo a perder. Le encontraron plaza en una residencia, pero a la semana ya se había fugado. Duerme al cobijo de un cajero y reparte su vida entre los bancos del parque y la puerta de la iglesia donde pide. Cualquier mañana, tarde o noche nos dará un susto. De hecho, un día en menos de tres horas hubo que llamar dos veces a urgencias.
Con un historial así, evidentemente desde hace tiempo tiene dividido al vecindario. Por un lado, los hay que nos preocupamos. Por el otro, están los que sin tapujos opinan que no se merece ni pizca de atención. Mientras tanto, él deja pasar los días. Y al final solo queda la impotencia y el no acabar de entender este mundo.
 © Elisabet Gimeno Aragón 2014


domingo, 12 de enero de 2014

Un beso para Sir William

Había una vez un doncel de pelo dorado, ojos azules y mejillas sonrosadas cual dos apetitosas manzanas que parecía sacado de un cuento de hadas. Por eso mismo, la niña problemas le concedió un título nobiliario cuando nació y mandó bordárselo en letras azules en un babero-bata. Desde entonces, una parte del círculo íntimo del muchachito le llama "Sir William".
El 31 de diciembre de 2013 nuestro adorable protagonista celebró su segundo fin de año. La primera parte de la noche fue realmente emocionante. El joven William probó varios tipos de pan y descubrió el sorbete de limón junto a su hermana Júlia y su prima Carla. Tras las uvas empieza nuestra anécdota. Dado que Morfeo parecía haberse olvidado de los tres infantes, se decidió obsequiarles con la película de Blancanieves. Como era de esperar, el cuento embrujó a los tres hasta el punto que la confusión entre realidad y ficción no tardó en manifestarse.
La llegada de Blancanieves a la casa de los enanos pilló a William cerca de la pantalla de televisión. Tan cerca que, cuando la princesita dijo "hola" para saber si había alguien, el niño le contesto todo caballeroso. No contento con ello, acercó todavía más su carita ensoñadora para darle un beso de bienvenida a la muchacha. Por supuesto, lo alejamos enseguida de la pantalla. Ahora bien, no pareció molestarle. Seguramente porque tiene la absoluta certeza de que tarde o temprano lo logrará. No lo olvidéis. En su corazón de niño él es un príncipe que besará a esta princesa, por mucho que Blancanieves sea un dibujo animado.
© Elisabet Gimeno Aragón 2014

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