domingo, 26 de enero de 2014

De paisajes urbanos

En mi barrio hay farolas, papeleras y demás objetos considerados "mobiliario urbano" porque facilitan la vida en cualquier espacio público. Cuestiones prácticas aparte, este paisaje urbano se complementa con muchos árboles, flores, estatuas y un indigente. Sí, habéis leído bien. Cualquier persona que convierta un rincón del espacio público en su hogar se incorpora a la particularidad del sitio. Otra cosa es que guste o no guste. Reacción esta última que implica que, al igual que ocurre con determinados objetos decorativos, muchas personas acaben catalogando como "trasto" a alguien atrapado en tal situación.
Hay tantas historias sórdidas como indigentes en la calle. Del protagonista de la de hoy ni siquiera sé el nombre. Sólo sé que debe tener unos cincuenta años y usa muletas. Dicen que a causa de su invalidez cobra una paga. Sin embargo, las malas compañías, el alcohol y sustancias varias lo echaron todo a perder. Le encontraron plaza en una residencia, pero a la semana ya se había fugado. Duerme al cobijo de un cajero y reparte su vida entre los bancos del parque y la puerta de la iglesia donde pide. Cualquier mañana, tarde o noche nos dará un susto. De hecho, un día en menos de tres horas hubo que llamar dos veces a urgencias.
Con un historial así, evidentemente desde hace tiempo tiene dividido al vecindario. Por un lado, los hay que nos preocupamos. Por el otro, están los que sin tapujos opinan que no se merece ni pizca de atención. Mientras tanto, él deja pasar los días. Y al final solo queda la impotencia y el no acabar de entender este mundo.
 © Elisabet Gimeno Aragón 2014


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