domingo, 8 de enero de 2017

Mi primera manzana roja

Estas Navidades he sucumbido a la tentación y he vuelto a ver Blancanieves y los siete enanitos de Walt Disney. Así que he experimentado de nuevo el alivio de su final, el miedo que me invadía cuando la bruja tentaba a Blancanieves en la casita y, como no, el recuerdo de mi primera manzana roja.
Cuando era pequeña, y aún ahora, me chiflaba el color rojo. Pensaba que cualquier cosa que fuera roja sería más bonita e incluso mejor que ninguna otra. Tal creencia combinada con mi fascinación por el cuento de Blancanieves me llevó a pedir una manzana de este color cuando la vi en una frutería. Recuerdo que más roja ya no podía ser y su olor la convertía en un manjar verdaderamente apetitoso. Así que me la lavaron bien para comerla de postre. Contra todo pronóstico la manzana no me gustó. Papá problemas la probó por si estaba mala. Pero no, la manzana estaba en su punto justo. Se trataba de una variante harinosa cuyo sabor no supe ni todavía sé apreciar. 
A pesar de la decepción, sentí un gran alivio. Entre lo desconfiada que era a veces y que no me gustaba la manzana roja jamás resultaría víctima de la muerte dormida. Ahora bien, tampoco hubiera habido cuento.
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